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miércoles, 21 de junio de 2017

MANUEL MAMERTO DE LAS HERAS

HERAS CARRASCO, Manuel Mamerto de las
[Peñalver, 1804 / Madrid, 26 de marzo de 1883]

Nació en el pueblo de Peñalver, en la Alcarria de Guadalajara, en el año 1804, hijo de Mariano de las Heras y de Basilia Carrasco.
Inició y completó sus estudios eclesiásticos en el seminario de San Bartolomé de Sigüenza, asistiendo también al Colegio de San Antonio de Portacoeli de la ciudad mitrada, como reconocía cuando se declaraba “antiguo colegial de Sigüenza”. Recibió las órdenes sacerdotales, mereció el nombramiento de presbítero y se hizo cargo de la parroquia de San Ginés, en la ciudad de Guadalajara.
En 1855, con el retorno de los progresistas al poder, abrió de nuevo sus puertas el Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara, que había sido cerrado en 1846 por un gobierno presidido por el general Ramón María de Narváez, alegando el escaso número de alumnos matriculados. El 24 de noviembre de 1855 se restableció de forma provisional, bajo la dirección de Francisco Dolz, y el 31 de enero de 1857 lo hizo con carácter definitivo, celebrándose solemnemente la reapertura del centro el 16 de septiembre de 1858 con un discurso de su catedrático de Matemáticas, Zacarías Acosta Lozano. Era entonces su director Manuel Mamerto de las Heras, que había sido nombrado para ocupar ese cargo el 22 de noviembre de 1856, meses después de la caída del gobierno progresista del general Baldomero Espartero y mientras los moderados disfrutaban brevemente del poder con el general Narváez sentado otra vez en la presidencia del Consejo de Ministros.
Aunque larga, su etapa de director del Instituto no estuvo exenta de sinsabores. Los demás profesores del claustro se consideraban con más derecho a ocupar ese puesto por ser doctores o licenciados en las diferentes materias, mientras que Manuel Mamerto de las Heras sólo era bachiller y no ocupaba plaza de catedrático, porque era profesor de Religión. Se aducía también que era de temperamento excesivamente afable, por lo que no era capaz de mantener la disciplina ni entre los profesores ni entre los alumnos, y que no era “capaz de conciliar intereses opuestos o discordantes”, rasgo de su carácter que explicaría en parte la acusación que recibía de que no era justo y equitativo en el reparto de las gratificaciones y de los cargos retribuidos, que distribuía con favoritismo. Finalmente, el 24 de septiembre de 1861 fue cesado en su cargo y se nombró para sustituirle a José Julio de la Fuente Condón-Bueno, catedrático de Geografía e Historia.
Después de su cese en la dirección del Instituto de bachillerato alcarreño, permaneció en Guadalajara al frente de la parroquia de San Ginés y se dedicó a profundizar en el estudio de la Historia; sus esfuerzos se vieron recompensados con su nombramiento en 1867 como académico correspondiente en la provincia de la Real Academia de la Historia, una distinción que entonces compartía con Francisco de Paula Benavides, Obispo de Sigüenza, el canónigo seguntino Román Andrés de la Pastora, y los profesores del Instituto Simón García García y Víctor Sainz de Robles.
Este reconocimiento público se mantuvo durante la Primera República, y así cuando en febrero de 1873 se reconstituyó la Comisión de Monumentos de la provincia, se le reclamó para que formara parte de ella junto al obispo de Sigüenza y el canónigo Román Andrés, el gobernador civil, Benito Pasarón Lima, y otros altos funcionarios republicanos. Fue elegido para formar parte de esta Comisión a pesar de que durante el Sexenio Revolucionario apoyó la línea de respaldo pleno al papado y de intransigencia en la defensa del poder temporal del Sumo Pontífice, como demostró públicamente en 1876 enviando un donativo de 20 reales para una suscripción a favor del papado organizada por el diario integrista católico madrileño El Siglo Futuro. Así pues, no andaban muy desencaminados los que murmuraban que tenía “muchas relaciones en la provincia” y que eran estas influencias las que le habían aupado a distintos cargos y concedido algunas prebendas.
En los primeros años del reinado de Alfonso XII, y sin perder su condición de párroco de San Ginés de Guadalajara, fue nombrado rector de la iglesia de San Sebastián de Madrid, y pasó a residir en la Corte, como se puso de manifiesto al figurar en la Real Academia de la Historia entre los académicos correspondientes de la provincia de Madrid y no de la de Guadalajara.
Estando en la capital del reino falleció el 26 de marzo de 1883, a los 78 años de edad. En la tarde del día 28 sus restos mortales fueron trasladados en tren desde la madrileña Estación de Mediodía hasta la de Guadalajara, siendo enterrado en el cementerio de la capital alcarreña.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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