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sábado, 23 de septiembre de 2017

MODESTO BARGALLÓ ARDEVOL


BARGALLÓ ARDEVOL, Modesto
[Sabadell, 1894 / Ciudad de México, 1981]

Modesto Bargalló Ardevol nació en Sabadell 1894 y falleció en su exilio de la Ciudad de México en 1981. Contrajo matrimonio con Luisa Porrera Llopis y en Guadalajara residieron en el número 29 de la calle popularmente llamada del Museo, frente al Palacio de la Cotilla; su hermano Miguel vivía en su mismo piso y su amigo Marcelino Martín lo hacía en otra vivienda del mismo edificio.
Hijo de maestro, se educó en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza y en 1911 obtuvo el título de Magisterio. Por Real Orden de 25 de junio de 1915 fue nombrado, a la temprana edad de veintiún años, profesor numerario de Física, Química, Historia Natural y Agricultura en la Escuela Normal de Maestros de Guadalajara, al mismo tiempo que su hermano Miguel obtenía la plaza de profesor de Historia en el mismo centro educativo.
Su vivo interés científico le animó a continuar sus estudios. En 1928 solicitó a la Junta para la Ampliación de Estudios una beca para residir ocho meses en París con objeto de “redactar una monografía sobre la génesis de la doctrina atómico-molecular”. No la obtuvo, pero no por eso dejó de aprovechar sus vacaciones para visitar París y Londres y profundizar en sus conocimientos facultativos, pues conocía el francés, el alemán y el italiano y, en menor medida, el inglés. En 1929 siguió el curso de Psicología experimental en la Universidad Central con el profesor Rodrigo Lavín y en 1931 alcanzó el grado de doctor en Ciencias Naturales, mientras colaboraba con Ignacio Bolívar Urrutia, que dirigía el Jardín Botánico y el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, además de presidir la Junta para la Ampliación de Estudios y la Sociedad Española de Historia Natural.

Modesto Bargalló en Guadalajara
La labor científica y pedagógica desarrollada por Modesto Bargalló durante los veinte años que residió en Guadalajara fue excepcional. En la Escuela Normal, además de las clases dispuestas en el programa oficial, abrió un taller en el que, con los alumnos, construía los aparatos necesarios para realizar experimentos de Física. También fue reuniendo diversos materiales para un Museo escolar. Esta inquietud científica se hizo patente desde sus primeros días en tierras alcarreñas y ya en el mes de mayo de 1917 acudió a Sevilla, en compañía de los profesores Juan Dantín y Alberto Blanco, para participar en el VI Congreso Nacional de Ciencias.
Fue constante su preocupación por la formación integral de sus alumnos y de los maestros. Si en 1925 le encontramos en Humanes de Mohernando impartiendo conferencias sobre didáctica de las Ciencias Naturales a los maestros de la comarca, en febrero de 1932 colaboraba con las Misiones Pedagógicas en su visita a los pueblos alcarreños de Valdepeñas de la Sierra; La Mierla, Tamajón... Y si en 1929 impulsaba a un grupo de alumnos a publicar El Bachiller Arriacense, en 1933 firmaba un artículo en el primer número de FAE, el órgano periodístico de la Federación Alcarreña de Estudiantes. No por casualidad fue miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, pues fue tenaz colaborador en publicaciones como Avante, órgano del PSOE alcarreño, o Abril, portavoz de las izquierdas. Además, en 1928 fundó Faraday, una publicación dedicada a la didáctica de las Ciencias Naturales.
Su afán de divulgación se puso de manifiesto en la Revista de Escuelas Normales, portavoz de Asociación Nacional del Profesorado Numerario de Escuelas Normales. Esta sociedad, nacida en 1921, decidió en su congreso fundacional dotarse de una revista dedicada a profesores y alumnos de las Escuelas Normales, y fijó en Guadalajara su redacción, de la que se hicieron cargo Modesto y Miguel Bargalló, junto a un selecto grupos de profesores: Daniel Carretero Riosalido, director de la Normal alcarreña, Carmen Oña y Visitación Poblete.
Desde 1923 hasta 1927, durante la Dictadura del general Primo de Rivera, permaneció en su plaza de profesor y dirigió la Revista de Escuelas Normales, ocupándose de recopilar el material que llegaba desde las demás Escuelas Normales y de confeccionar la revista, en la que se debatieron las bases ideológicas de una tan profunda como necesaria reforma pedagógica.
En 1927, Modesto Bargalló renunció a seguir al frente de la Revista, “con el dolor de quien ve partir un hijo; pero con el confortamiento de haberle dado pies para sostenerse y alas para volar noblemente”, y al año siguiente la redacción pasó a Cuenca, bajo la dirección de su amigo Rodolfo Llopis, catedrático de la Escuela Normal conquense, donde estuvo hasta que en 1930 volvió a Guadalajara, para ser de nuevo conducida por él. Este grupo de profesores normalistas alcarreños estuvo detrás de la reforma de la primera enseñanza que emprendió la Segunda República durante su primer bienio, con Rodolfo Llopis al frente de la Dirección General de Enseñanza Primaria y Jorge Moya de la Torre como su secretario particular.
Aunque no tuvo la destacada militancia partidista de su hermano Miguel, que fue diputado por Guadalajara en las Cortes Constituyentes en la candidatura de la conjunción republicano-socialista y ocupó la vicepresidencia de la Comisión Gestora que se hizo cargo de la Diputación Provincial alcarreña en abril de 1931, es evidente que participó en la política educativa implantada por la Segunda República desde la plataforma que le ofrecía la Revista de Escuelas Normales y que lo hizo en un sentido netamente socialista.
En general, fueron años en los que la ciencia conoció en Guadalajara un desarrollo extraordinario; Tomás de la Rica en la Escuela de Artes y Oficios, Marcelino Martín González del Arco en el Instituto de Bachillerato, Modesto Bargalló en la Escuela Normal de Maestros, José Cubillo Fluiters, Emilio Herrera y Mariano Barberán en la Academia de Ingenieros… En Guadalajara nació la aerostación nacional y se escribieron las primeras páginas de la aviación española, se diseñaron motores y aviones, se renovó la pedagogía y se publicaron admirables libros de texto para las materias científicas.
En este último campo destacó con Marcelino Martín, con el que escribió un Manual de Química editado por Ediciones Sardá en Reus y Guadalajara, que a partir de 1919 conoció cinco ediciones y que ilustró con sus propias fotografías. Otras obras fueron Ciencias físico-químicas para primer grado, del año 1918, Cómo se enseñan las ciencias fisicoquímicas, con varias ediciones desde 1923, un Manual de Física, de 1919 y que conoció al menos otra edición en 1925, La vida de las plantas. Experiencias sencillas de fisiología vegetal, publicado en 1932, Metodología de las Ciencias Naturales y la Agricultura, del mismo año, Paseos y excursiones escolares, editado en Guadalajara en 1934, y Problemas de Física y Química y Elementos de Física y Química, los dos impresos en Guadalajara en 1936.

Modesto Bargalló en México
Derrotado en la Guerra Civil, en 1939 huyó a Francia desde Cataluña con su familia, en la que sólo sería la primera etapa de su exilio en México. Confesaba que “el 24 de mayo embarcábamos en Cette, en el paquebot Sinaia, con mi esposa, mis hijos y mi hermano, integrantes de la primera expedición patrocinada por un comité británico de auxilio y que había de conducir a México a 1.800 refugiados españoles, entre ellos mujeres y niños. Salió al día siguiente. Al pasar el Sinaia frente a las costas de la tierra catalana en que nací y en la que dormían el sueño eterno mis amados padres, tomaban fuerza real las estrofas de “L´emigrant” del excelso Verdaguer y al dejar el Sinaia a su popa en lontananza, las últimas costas españolas del Estrecho, me invadieron escalofríos de emoción y se humedecieron copiosamente mis ojos”.
En la mañana del 13 de junio de 1939 el Sinaia arribaba al puerto mexicano de Veracruz; Modesto Bargalló iniciaba una nueva etapa en su vida, aún más intensa y fructífera que la que había vivido en Guadalajara. Desde 1940 fue profesor universitario en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional de México, y activo colaborador de prestigiosas publicaciones como la Revista de la Sociedad Química de Méjico y Ciencia. En 1964 fundó la Sociedad Mejicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología.
Mientras en España sus libros de texto eran prohibidos para uso escolar por un Decreto firmado por el primer ministro de Educación Nacional franquista, Pedro Sainz Rodríguez, en México escribía algunas obras fundamentales en la reciente historia de la ciencia mexicana, entre las que destacan La minería y la metalurgia española durante la época colonial y su Tratado de Química Inorgánica. A pesar de su largo exilio, en sus últimos años aún seguía reconociéndose como “un viejo maestro español”; de hecho, pertenecía a la Unión de Profesores Universitarios Españoles en México.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 16 de septiembre de 2017

ALFONSO MARTÍN MANZANO

MARTÍN MANZANO, Alfonso
[Guadalajara, 1852 / 13 de noviembre de 1912]

Alfonso Martín Manzano nació en Guadalajara en 1852, hijo de Luis Martín, un capataz que falleció el 3 de junio de 1874 a los sesenta años de su nacimiento en la ciudad valenciana de Gandía, y de Eusebia Manzano. Falleció en la misma ciudad el 13 de noviembre de 1912, después de una larga enfermedad cardiaca. Tuvo, al menos, cuatro hermanos: Manuel, Vicente, Cecilio, y Luis. Contrajo matrimonio con Ascensión García Lorenzo, hija del empresario Vicente García y de Andrea Lorenzo, con la que tuvo dos hijos: Julia y José.

Tipógrafo en la Imprenta Provincial
Tipógrafo de profesión, aprendió el oficio en Madrid, donde residió cinco años, de la mano de Julián Fernández Alonso. En 1877 volvió a Guadalajara, residiendo desde entonces en el número 27 y 29 de la calle de Álvar Fáñez de Minaya, para trabajar como regente de la recién inaugurada imprenta de la Diputación Provincial, en donde continuó como empleado hasta el final de sus días, ejerciendo como administrador a la muerte de Tadeo Calomarde. En octubre de 1899 el antiguo Establecimiento Tipográfico Provincial, anejo a la Casa Inclusa de la Diputación, quedó reducido a taller de aprendizaje para los huérfanos asilados, sin confeccionar más impresos que los necesarios para esta institución, quedando Alfonso Martín Manzano al frente del mismo, no como Administrador sino como simple gerente o encargado; un puesto que se amortizó a su muerte, asumiendo la responsabilidad de los talleres tipográficos de la Diputación su sobrino, Ramón Martín.
Su relación en Madrid con Julián Fernández Alonso le vinculó con Pablo Iglesias y el núcleo fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879 y desde 1882 con la Asociación del Arte de Imprimir, base para la constitución en 1888 de la Unión General de Trabajadores (UGT). Fue uno de los pioneros del partido obrero en España y perteneció al núcleo fundador de la Agrupación Socialista de Guadalajara.
Pero su trayectoria en el campo marxista fue muy corta y en su madurez mostró ideas muy conservadoras e incluso reaccionarias. En 1904 el viraje ideológico antisindical se había completado, y desde las páginas de Flores y Abejas se mostró opuesto a las primeras leyes sociales aprobadas por conservadores y liberales: el 21 de agosto culpaba a la huelga de los trabajadores de las tahonas de la subida del precio del pan, el 10 de septiembre criticaba la Ley del Descanso Dominical, el 15 de octubre calificaba al Instituto de Reformas Sociales como Instituto de Reformas Perjudiciales...
Sin embargo, otros miembros de su familia siguieron militando activa y destacadamente en las filas socialistas, como su hermano Luis, que contrajo matrimonio con Catalina Aragonés y que en 1912 formó parte del reconstruido comité local del Partido Socialista, y su sobrino Luis Martín Lerena, hijo de Vicente Martín Manzano y Luisa Lerena que fue concejal socialista en Guadalajara. Otro de sus hermanos, Manuel, también fue concejal en 1897, pero con el respaldo del Partido Conservador.

Su actividad cultural
Alfonso Martín estuvo presente en muy diversas iniciativas de la sociedad arriacense de esos años. Como muchos tipógrafos, desarrolló una vasta labor periodística, primero desde las páginas de El Atalaya de Guadalajara, Revista Popular y La Crónica, para continuar más adelante impulsando sus propios proyectos periodísticos; primero Miel de la Alcarria, que ayudó a fundar pero que sólo sacó seis números en 1891, y luego a través de Flores y Abejas, en cuya fundación participó en el mes de septiembre de 1892 y que dirigió desde el fallecimiento de Miguel Mayoral Medina hasta su muerte, y en la que escribió innumerables artículos. Pero no por eso dejó de cooperar esporádicamente con otros periódicos de la provincia, como La Alcarria Ilustrada, La Ilustración y en el portavoz conservador La Región.
Además, fue el principal impulsor del Ateneo Instructivo del Obrero, una sociedad modélica cuya encomiable labor perduró en Guadalajara hasta el final de la Guerra Civil. En febrero de 1891, poco después de celebrarse la primera concurrencia electoral socialista en la provincia, apareció en El Atalaya de Guadalajara un proyecto para crear un Ateneo obrero del que él era el primer firmante y que se hizo realidad poco tiempo después. Durante muchos años siguió vinculado a este Ateneo y en distintas ocasiones ocupó cargos de responsabilidad.
Manifestó una gran afición al teatro; si en su juventud fue actor aficionado, sobre todo en la sociedad teatral “La Confianza” y en el Liceo Artístico que presidió, y hasta llegó a instalar en su domicilio un pequeño escenario donde ofrecía representaciones, en su madurez fue empresario del Teatro Principal arriacense durante varios años; por ejemplo, en 1898 pagó 2.000 pesetas por hacerse con la gestión del primer escenario de la provincia. Formó parte, con Enrique Burgos, del grupo teatral habitual del Salón García, un pequeño escenario propiedad de Vicente García, y allí conoció a la que sería su esposa, actriz aficionada e hija del empresario.
Además escribió diversas piezas cómicas que se representaron en distintas ocasiones, como En Recoletos y al fresco, ¿Dónde me quedé?, De todo un poco, Salón García, ¡Ya encontré lo que buscaba!, una obra teatral, La Reina de los Mayos, en colaboración con Antonio Velasco, una revista con Luis Cordavias, Guadalajara cómica, que trataba en clave de comedia la lucha electoral y que se representó a beneficio del Ateneo Instructivo del Obrero y algunas canciones y cuplés. Prolífico escritor, publicó dos interesantes galerías de personajes alcarreños titulados Plumas alcarreñas y Retratos al vuelo, esta última obra escrita en colaboración con su socio y amigo Luis Cordavias, un libro de relatos, Ropa vieja, y una Semblanza del cuadro activo del Liceo Artístico de Guadalajara.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 9 de septiembre de 2017

DIEGO DESMAISSIERES LÓPEZ DE DICASTILLO

DESMAISSIERES LÓPEZ DE DICASTILLO, Diego. Marqués de los Llanos de Alguazas y Conde de la Vega del Pozo
[Madrid, 12 de junio de 1806 / Pau (Francia), 28 de marzo de 1855]

Diego de Desmaissieres López de Dicastillo nació en Madrid el 12 de junio de 1806 y falleció en la ciudad francesa de Pau el 28 de marzo de 1855.
Era hijo de Miguel Desmaissieres Flores, nacido el día 7 de febrero de 1779 en la ciudad de León y fallecido en Madrid el 19 de diciembre de 1822, y de Bernarda López de Dicastillo Olmeda, condesa de la Vega del Pozo y marquesa de los Llanos de Alguazas, nacida en Madrid en agosto de 1774 y fallecida el 8 de octubre de 1841. Contrajeron matrimonio el 14 de enero de 1802 y tuvieron nueve hijos, de los que cuatro fallecieron a poco de nacer; además de Diego, sólo sobrevivieron Luis (1805-1823), Engracia (1807-1855), Manuela (1812-1843) y María Micaela (1809-1865).

Su entorno familiar
Miguel Desmaissieres siguió la carrera militar, como su padre Arnaldo Desmaissieres Rassoir (1733-1813), ingresando como cadete en las Guardias Valonas para pasar, ya como teniente, al Regimiento de Fusileros y Granaderos; el 2 de mayo de 1808 se interpuso personalmente entre los patriotas y el coronel Auguste Lagrange, asistente del mariscal Joachim Murat, salvándole así la vida. Su madre, Bernarda López de Dicastillo, pertenecía a una familia de la nobleza del antiguo reino de Navarra, con intereses en la ciudad de Guadalajara y en el reino de Murcia, y era camarista de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV.
Su hermana Micaela Desmaissieres y López de Dicastillo nació en Madrid el 1 de enero de 1809 y falleció en Valencia el 24 de agosto de 1865. Fue la fundadora de la orden religiosa de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, una congregación dedicada a la educación de las jóvenes que fue aprobada por la Santa Sede en el año 1861. En 1889 dio comienzo su proceso de canonización, que concluyó el 4 de marzo de 1934 con su elevación a los altares bajo la advocación de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento.
En el mes de octubre de 1844, Diego de Desmaissieres López de Dicastillo solicitó la Real Carta de Sucesión de los títulos de Marqués de los Llanos de Alguazas y Conde de la Vega del Pozo; el título familiar de Vizconde de Jorbalán fue cedido, por común acuerdo con su madre, primero a su hermana Manuela Desmaissieres López de Dicastillo y, al fallecer ésta, a su hermana María Micaela, siempre con carácter vitalicio pero con la condición de que a su muerte se reincorporase a quien ostentase el título de Conde de la Vega del Pozo. Desde 1844 fue caballero de la Orden de Calatrava y en 1850 obtuvo la Gran Cruz de Isabel la Católica, además de ser Caballero Maestrante de los Reales Alcázares de Sevilla. En octubre de 1838 fue nombrado Gentilhombre de Cámara de Carlos Luis de Borbón-Parma, Duque de Luca e Infante de España.
El 12 de febrero de 1846 se casó en su palacio de Guadalajara, en una ceremonia suntuosa y que fue muy comentada por el lujo que dicen que se derrochó en la celebración, con María de las Nieves Sevillano Sevillano. La pareja tuvo dos hijas: la primera, María de las Nieves, nació el 9 de febrero de 1850 pero falleció el 19 de septiembre de 1853 cuando sólo contaba tres años de edad, y la segunda, María Diega, nació en Madrid el 16 de junio de 1852, falleciendo en la ciudad francesa de Burdeos el 9 de marzo de 1916.
María de las Nieves Sevillano Sevillano era hija de Juan Sevillano y Fraile, que nació en Vicálvaro el 9 de febrero de 1790 y falleció en su palacio de la madrileña calle de Jacometrezo el 19 de febrero de 1864, y de Juana María Nicolasa Sevillano Sevillano, que habían contraído matrimonio el 16 de marzo de 1815. Tuvieron dos hijas; la mayor, María Nicolasa Sevillano Sevillano, que nació el 25 de diciembre de 1815 y falleció el 17 de febrero de 1875, contrajo matrimonio con el conde de Goyeneche y la segunda, María de las Nieves, que nació en Vicálvaro el 5 de agosto de 1817 y falleció en Guadalajara el 22 de junio de 1882, tuvo por esposo a Diego Desmaissieres López de Dicastillo.
La acusada personalidad de Juan Sevillano Fraile influyó poderosamente en toda la familia. El 9 de junio de 1767 se unieron en matrimonio José Ezequiel Sevillano Pérez y Feliciana Fraile Martín, enlace del que nacieron tres hijos: José Ruperto, Rafael Antonio y Juan Sevillano Fraile. Eran propietarios de tierras en Vicálvaro, por entonces una pequeña villa a las afueras de Madrid que se había convertido en uno de los principales abastecedores de pan para la capital del reino; los Sevillano fueron los proveedores de pan para el Palacio Real. Con la fortuna conseguida con tan próspero negocio, Juan Sevillano Fraile pudo adquirir numerosas fincas rústicas desamortizadas a lo largo del segundo tercio del siglo XIX, no sólo en Vicálvaro y sus alrededores sino en otras regiones españolas, sobre todo en Murcia y La Mancha.
Con las rentas de estas fincas se hizo con un importante capital, entrando a participar en el negocio de la banca y de las inversiones industriales, en la órbita de la familia Rothschild. Como banquero, aportó sus recursos en apoyo a la monarquía isabelina, prestando numerosos servicios a la reina María Cristina de Borbón, más señaladamente durante su exilio a partir de 1840. No podía esperarse otra cosa de quien había participado con valor en la Guerra de la Independencia y en la Primera Guerra Carlista, componiendo una larga carrera militar que le identificó con la monarquía y con la ideología liberal; en 1823 ya era alcalde de Vicálvaro, pero en 1824, con la restauración absolutista, pidió ser eximido de ese cargo municipal. Es natural que en diciembre de 1846, con la reina María Cristina de Borbón en la Corte madrileña y con los moderados en el poder, la reina Isabel II le recompensase concediéndole el título de Marqués de Fuentes del Duero y nombrándole senador vitalicio.
Pero la corrupción y los escándalos financieros, especialmente puestos de manifiesto con las concesiones ferroviarias, salpicaron al gobierno y a la Familia Real y provocaron el descontento de algunos sectores moderados, que en 1854 organizaron un pronunciamiento del ejército que fue capitaneado por el general Leopoldo O'Donnell. Este movimiento cívico y militar, conocido como la Vicalvarada, se inició en esta localidad madrileña por ser el lugar de residencia de Juan Sevillano Fraile, que había roto con la reina María Cristina de Borbón y su entorno y había financiado el pronunciamiento y ofrecido su palacio como centro de reunión para los conspiradores. En octubre de 1854 y como recompensa a su generosa colaboración con el pronunciamiento militar, el nuevo gobierno nacido de la Vicalvarada concedió a Juan Sevillano Fraile la Grandeza de España de Primera Clase y el título de Duque de Sevillano.
A pesar de la brillante trayectoria política y financiera de Juan Sevillano Fraile, el enlace de su hija con Diego Desmaissieres no era desventajoso para ninguno de los dos cónyuges. Si aquélla era heredera de una fortuna tan cuantiosa que aportó al matrimonio la exorbitante dote de ocho millones de reales, éste poseía una situación económica solvente y pertenecía a la más rancia nobleza. El abuelo de Diego, Arnaldo Desmaissieres, había nacido en el cantón francés de Valenciennes, que hasta 1678 perteneció al Flandes español, por lo que la familia siempre mantuvo una estrecha vinculación personal y un vasto patrimonio económico en Francia, hasta el punto que Diego Desmaissieres, sus hermanos Luis y Manuela y su hija María Diega fallecieron en suelo galo.

Su acción política
Diego Desmaissieres era descendiente de una las familias nobles que habían gobernado la ciudad de Guadalajara en el siglo XVIII: los López de Dicastillo. El 25 de abril de 1705 se concedió a Mateo López de Dicastillo el título navarro de Conde de la Vega del Pozo. Su hijo Javier ejerció la Alferecía Mayor de la ciudad de Guadalajara como teniente de la Casa del Infantado y el hijo de éste, Roque López de Dicastillo Solís de Magaña, ostentó cargos municipales en Madrid y en la capital alcarreña. Además, a diferencia de otros regidores, los miembros de esta familia residieron en la ciudad arriacense y ejercieron sus cargos personalmente, por lo que consiguieron un claro ascendiente sobre los vecinos, prestigio que conservaban en las primeras décadas del siglo XIX. Así, su esposa, María de las Nieves Sevillano, fue durante los primeros años del reinado de Isabel II la presidenta de la comisión de damas encargada de la Inclusa de Guadalajara y de administrar el pago a las amas de cría de la provincia alcarreña que acogían a expósitos recién nacidos de la de Madrid.
Este poder político y esta influencia social estaban respaldados por una vasta hacienda; en 1715 se calculaba a Javier López de Dicastillo una fortuna próxima a los 120.000 reales de vellón, a los que había que añadir diversos patronatos y la dote de su esposa; sólo las rentas de sus mayorazgos le proporcionaban más de 40.000 reales anuales, después de descontar las cargas.
Atendiendo a estas raíces, al fallecer su padre en 1822 se trasladó a vivir a Guadalajara con toda la familia. Allí falleció su madre, Bernarda López de Dicastillo, en el año 1841 y nueve años después, su hermana María Micaela se trasladó al colegio que había abierto en Madrid y que fue el germen de su congregación de las Madres Adoratrices. Durante estos años, los de la Década Moderada (1844-1854), Diego Desmaissieres mantuvo su residencia habitual en la capital alcarreña, cuando no estaba en destinos diplomáticos, habitando en su palacio, que tenía adjunto el Oratorio de San Sebastián, donde oficiaba como capellán el padre Anacleto Núñez, exclaustrado en 1836 del convento de los carmelitas descalzos de la capital. Su presencia en la capital alcarreña facilitó que en 1844 fuese elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Guadalajara.
Desde 1855, tras la muerte de Diego Desmaissieres, el palacio siguió acogiendo a su viuda y a su hija, María Diega, que en 1882 heredó, después de perder a su madre, todos los títulos y propiedades cuya valoración superaba los cien millones de pesetas en plata. El palacio de Guadalajara fue hermosa y generosamente reconstruido a su costa, siguiendo los planos del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, pero no volvió a ser habitado por la familia. En estos años finales del siglo XIX, María Diega Desmaissieres construyó en Guadalajara un hermoso panteón de estilo neobizantino donde reposan los restos mortales de sus antepasados y los de ella misma, atendiendo una disposición testamentaria de su padre.
Diego Desmaissieres López de Dicastillo no siguió la carrera militar, en la que habían destacado su padre y su suegro, y optó por la diplomática. Su primer destino, el 16 de junio de 1825, fue la Corte de los zares de Rusia, pero su mala salud hizo conveniente su traslado. Pasó a la legación española en Roma, donde permaneció desde febrero de 1827 hasta el 25 de julio de 1828. El 29 de junio de 1834 fue nombrado secretario encargado de la legación de S.M. en Nápoles, pero a causa del motín de La Granja, el 31 de agosto de 1836 fue relevado de su cargo y se trasladó a París, donde se le exigió que jurase la Constitución de 1812 que acaba de entrar de nuevo en vigor. Ante las turbulencias políticas en España y por su descontento particular con el nuevo gobierno progresista, solicitó permiso para residir en París durante un tiempo.
Con la vuelta de los moderados al poder, Diego Desmaissieres prosiguió su carrera diplomática y fue enviado a la embajada española en París aunque, una vez más, los cambios políticos de su tiempo forzaron su traslado cuando en febrero de 1848 la revolución puso punto final al reinado de Luis Felipe de Orleans en Francia y se proclamó la II República. Fue destinado a Bélgica y en 1850 le encontramos como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el rey de Cerdeña, donde fue recompensado con el Gran Cordón de la Orden de San Mauricio y San Lázaro, y en Toscana. Con ese motivo tuvo que cesar como vocal de la Junta Provincial de Beneficencia de Madrid, que consignó en sus actas su sentimiento por la pérdida de su concurso.
Se alineó sin ninguna duda con el partido moderado, aunque su posición política venía marcada más por la fidelidad a la reina, y en general a la monarquía, que por su firme identidad con el ideario liberal. Tanto él como su suegro pertenecían a la camarilla de la reina María Cristina de Borbón, y se integraban en ese sector del partido moderado que colocaba a la monarquía por encima de la constitución y que consideraba que la autoridad de la reina era anterior y superior a una soberanía nacional que no reconocían. Y si bien Juan Sevillano Fraile acabó asociándose con los moderados puritanos y apoyando el pronunciamiento del general Leopoldo O’Donnell en 1854, Diego Desmaissieres siempre permaneció leal al moderantismo más reaccionario.
Su vinculación con la reina Isabel II fue muy estrecha; no conviene olvidar que su hermana María Micaela sería visitante asidua del Palacio Real, donde había sido introducida por el Padre Antonio María Claret, confesor de la reina. Y, por otra parte, es interesante reseñar que el general Ramón María Narváez, máximo líder del moderantismo liberal y principal valedor de Isabel II en esos años, había sido comandante del cuerpo de Guardias Valonas, al que habían pertenecido el padre y abuelo de Miguel Desmaissieres, una familia originaria del Flandes español.
La falta de descendencia masculina, en un tiempo en el que las mujeres quedaban recluidas en el ámbito doméstico, impidió que los Desmaissieres pudiesen articular una élite liberal moderada en Guadalajara, paralela a la que estaban construyendo los progresistas. La desafección de Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, que se integró en el Partido Fusionista Liberal anuló las posibilidades de la otra familia capaz de dirigir con éxito a la fracción más conservadora de la burguesía y dejó el campo libre a la élite progresista alcarreña.
Los apuros económicos pasados por su familia desde 1822, cuando falleció su padre, hasta el año 1826, cuando su madre heredó el mayorazgo de los López de Dicastillo por la muerte de su hermano, y las posibilidades de enriquecimiento que le ofrecía su suegro Juan Sevillano Fraile, y en general la proximidad a la corona, le animaron a invertir en empresas financieras e industriales a partir de 1836, formando una sociedad con la compañía francesa Choviteau.
Entró así en la élite burguesa y adoptó los usos y costumbres de su clase, que armonizaba perfectamente la tradición aristocrática con la adaptación a la nueva realidad. Por ejemplo, repartió una elevada cantidad de dinero en limosnas con motivo de su enlace matrimonial y, desde entonces, el ejercicio de la caridad fue una seña de identidad de su familia, como demostró su esposa presidió la Junta de la Casa de Expósitos de Madrid que se encargaba del pago de la remuneración que percibían las amas de cría que acogían a los expósitos lactantes. Al mismo tiempo, fue miembro destacado del Casino de Madrid, centro de recreo de la alta burguesía madrileña.

Elección y actividad parlamentaria
Diego Desmaissieres fue elegido diputado por Guadalajara en 1844, en un proceso electoral que vio anulados los votos emitidos en el Señorío de Molina por diversas irregularidades, una decisión que ya se había producido en anteriores comicios sin que en esta ocasión, como en las anteriores, se pudiese culpar a la insurrección carlista de las dificultades para ejercer el sufragio en esa comarca.
Las nuevas Cortes Constituyentes abrieron sus puertas el 10 de octubre y Diego Desmaissieres juró su cargo y tomó posesión de su escaño el día 17 de ese mismo mes, que ocupó hasta el 31 de octubre de 1846. Su actividad parlamentaria en el Congreso de los Diputados fue muy escasa. Ingresó en las siguientes secciones: tercera, de la que fue vicepresidente; cuarta, de la que fue secretario; sexta y séptima, de la que fue presidente. Se integró en la Comisión de etiqueta, que recibía y acompañaba a la reina en la solemne apertura de las Cortes, y en la de operaciones en la Bolsa, un asunto en el que tenía fuertes intereses particulares como inversor. Sólo cabe reseñar un discurso suyo sobre los plazos de entrada en vigor de la nueva Constitución moderada y de las leyes orgánicas derivadas.
En 1847 la reina Isabel II le nombró senador vitalicio, y permaneció en el Senado hasta que en 1854 se disolvió la Cámara Alta al preferir las nuevas autoridades progresistas unas Cortes unicamerales, para lo que modificaron la Constitución vigente; cuando el Senado volvió a abrir sus puertas, al finalizar el Bienio Progresista, en el año 1857, Diego Desmaissieres ya había fallecido.
Mientras fue senador, nombramiento que le llegó precisamente cuando se encontraba en misión diplomática en Venecia, simultaneó sus actividades como representante de España en diversos países de Europa con su actividad parlamentaria, por lo que su presencia y participación en la Cámara Alta fue muy limitada. En alguna sesión se informa públicamente de su ausencia temporal de la Corte por este motivo.
Ocupó el puesto de Secretario de la Mesa del Senado en la legislatura de 1849-1850, en la de 1848 formó parte de la Sección Primera, en la de 1851 se integró en la Comisión que visitó a la infanta María Luisa Fernanda de Borbón con motivo de dar a luz y en la de 1853 se inscribe en la de Administración Económica. Sólo se registran dos intervenciones parlamentarias suyas y en asuntos de poca importancia.
JUAN PABLO CALERO DELSO